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La biomasa, salvación mundial?
Por Barbara Hübner, DW-WORLD.DE


La población mundial crece y las reservas energéticas no renovables se agotan. La biomasa salta a la palestra como potencial héroe de salvación, puesto que es la fuente de energía renovable por excelencia.

El hombre ha explotado desde la antigüedad la energía natural para calentarse y tratar sus alimentos. Es así como desde la era de piedra hasta el siglo XIX, la madera, un clásico de la biomasa, era la fuente más importante. Hoy somos dependientes del petróleo, aunque al considerar el daño ecológico, las llamadas “nuevas” biomasas, como residuos agrícolas y estiércol, cobran protagonismo.

Pero ojo, que ya en el presente esta alternativa representa el 14 por ciento del aporte energético mundial y sólo en la Unión Europea cubre dos tercios de la energía primaria en las reservas renovables. En países en vías de desarrollo la biomasa típica, como madera y carbón abunda. Sin embargo, no están libres de situaciones adversas, como la deforestación y contaminación.

En cambio, en naciones industrializadas el aceite de colza está complementando el diesel.

En Alemania constituye el 5 por ciento del combustible, llamándose biodiesel. De hecho, vale recordar que Rudolf Diesel, inventor alemán del primer motor bautizado con su nombre, lo hizo funcionar a base de aceite de cacahuate.

Vacas energéticas

La biomasa sirve como combustible energético que se obtiene de materias biológicas. Es así como- aunque parezca irrisorio- el gas de metano del estiércol de vacunos es un valioso carburante. Una vaca es una verdadera

máquina de metano: produce entre 100-200 litros diarios y sólo Alemania cuenta con cuatro millones de ejemplares.

Más increíble aún es el poder de las grasas vegetales, que se pueden obtener de cocina con frituras. Vehículos que marchan con el carburante de “fritanga” ya son objetos de culto en Estados Unidos. Son de baja nocividad, ya que la planta (aceite vegetal) sólo emite el dióxido de carbono equivalente al que absorbió durante su crecimiento.

Quimera peligrosa

Alemania se podría convertir en un gran campo de colza. Esa sería, sin exageración, la realidad si se quisiera cubrir el consumo de diesel en todo el país, ya que habría que abarcar dos tercios del territorio, lo que equivale a 240 mil kilómetros cuadrados con esa siembra.

Este monocultivo resultaría impensable. Agotamiento de las tierras y extinción de animales e insectos serían sólo algunas consecuencias. Además, el hombre no sólo necesita lugar para vivir, sino también para sembrar alimentos, por lo que esta opción aún está en pañales y los científicos siguen averiguando cuáles serían -aparte de la colza- las plantas con mayor valor energético.